sábado, 4 de noviembre de 2017

CERN

Llueve.

Todo es gris.

Estoy dentro de un acelerador de partículas
que centrifuga mis entrañas.
Mis hadrones, colisionan, solos,
sin una mano que guíe su camino
hacia la inestabilidad más temible,
hacia la inseguridad más absoluta,
hacia el abismo inevitable
de tu presente ausencia.

Las serenas noches del calor lleno de caricias,
hoy se enfrían por sensaciones que
poco tienen que ver con el mes,
mas puede que sí con el día.

Experimentos que sueñan
con encontrar el origen de todo,
resultan un cúmulo de fríos datos
que calan los huesos de científicos soñadores,
de anhelos eternos de nuncas siempre.

Tu pelo,
otras mañanas tan perfecto que recuerda
a esos despertares artificiales del celuloide,
hoy me esconde tu deseada sonrisa.

Lluevo.

Estoy gris.

Llueve porque soy gris.

Pero ¿qué sabré yo de colores?
¿Por qué hablo de grises
cuando una sola sonrisa tuya
llena mi paleta de irisado amor,
rojo deseo, morada contención.

Blanca pasión.

viernes, 6 de octubre de 2017

Veo una fotografía que no hice yo

Hoy,
he decidido trabajar hasta tarde,
desde casa, porque sí,
porque así hoy será más fácil dormir.
Y no, no es que no duerma,
que lo hago como un bebé,
simplemente es que hoy quiero dormir rápido,
sin pausa. Hoy, quiero soñar.
Ahora, si cierro los ojos,
veo a gente mirando sus móviles,
mirando tapices, suelos y techos,
no directamente, sino a través
de la pantalla del celular.
Y te veo a ti, claro.
Suspiro por esos ojos, grandes y verdes;
grandes, no sólo por su tamaño;
verdes, no sólo porque así me lo dices.
Me marean tus labios,
perfectamente delineados, puestos ahí
como muestra de lo que deben ser,
como recuerdo del fruto prohibido.
Bajo más la mirada y encuentro ese cuello,
esa islilla (bendita polisemia)
en la que quiero naufragar,
ese hombro sobre el que deseo dormir,
sobre el que deseo soñar.
La cámara, esa a la que miras,
pena que no sea a mí,
me esconde tus bellas manos,
esas que tan lejos tengo,
esas que sueño acariciar
mientras paseamos,
otra vez.

Guitarra

El cariño del artesano que,
apartando con cuidado el serrín,
pare el instrumento.

El quejío de cada hombre al que
le ha sabido la boca a sangre.
Cada canción de una madre
entre besos a sus hijos.
Una hora tras otra de estudio,
en la soledad de unos ojos cerrados.
Todo, nada. La angustia que acompaña
a la creación. Esa sensación...
no se puede describir con palabras,
sino con arpegios, rasgueos,
notas que se alargan.
Y un golpe
que para el tiempo,
el universo entero atento al siguiente acorde.

Guitarra hecha de nobles maderas,
cuánto ofreces, cuánto quitas.
Esa lucha que se produce dentro,
en las costillas de este bello instrumento
que sólo necesita afición
y afinación para ser nada,
para valer todo. 

Escribir en ti

Quiero recorrer tu sonrisa con mis labios,
no porque digas que te gustan,
sino porque no quieren estar lejos de ti.
Anhelo el momento en el que
mis dientes disfruten tu cuello, 
porque intuyo que es el único bocado
que les hace sentirse útiles.
Deseo ¡tanto! recorrer tus secretos
con la mano izquierda, exprimiendo
tus gemidos con suavidad,
suavizando mis caricias con firmeza,
interpretando con genio esa magistral pieza
que acompaña tus aromas.
Voy a cantar con mi lengua tu cuerpo, 
sin dejar de ejecutar ni una nota,
explorando cada milímetro de tu partitura,
pasando una vida entera en tu boca
cuando la mía sepa a ti, volviendo
al centro de tu placer cuando me robes
ese sabor que aún no tengo,
pero que sé que es mío, mas aún no llega
porque todavía falta un compás.
Y todo esto que digo, amor mío,
quiero escribirlo en tu suave espalda,
pues no es sino para eso que ella existe,
no es sino para escribir en ella
y en mi guitarra para lo que tengo uñas.

Juntos

Me sorprendes con cada palabra,
con cada reacción, con cada gesto,
cada sonrisa, cuando te sorprendes
al decirte lo que me haces sentir.
Me sorprendes... y me transformas
con cada una de las cosas dichas,
con cada una de las cosas calladas,
con cada uno de las cosas soñadas.
Me transformas en alguien que aún
no conozco pero que ves en mí y,
qué coño, no soy nadie para llevar
la contraria a quien ha visto en mí
sin que yo se lo enseñe, lo que soy.
Me descubres porque estoy expuesto,
por que sólo soy yo de verdad
a la verde luz de tus grandes ojos,
porque mi piel sólo es suave
bajo el tacto de tus tiernas caricias,
porque mis uñas sólo hacen música
cuando se hunden en tu espalda.
Siento
que, del mismo modo que recitamos aquel
"mi todo",
juntos,
escribiremos cada día el poema inacabado
que con tus risas harás canción.

Eres

Eres sueño recurrente,
cálida brisa que me envuelve,
mantita en el invierno,
caricia ejecutada con maestría.
Fuego en las frías mañanas,
incomparable atardecer gaditano,
abrazo que rompe la soledad,
mordisco de advertencia.
El viento de tus eses,
la sonrisa de una niña,
el abrazo de una amiga,
la mirada de una amante.
El pecado que me llama,
la llama que me templa,
el agua que me moja,
las piernas que me abrazan.
El polvo que no termina,
en el que no te conviertes,
quien nunca se irá,
quien cada día volverá.
La amante con anillo,
la nocturnidad con alevosía,
el orgasmo exigido,
cabecero con barras.
La risa repentina,
el ataque certero,
el tino en la diana,
mi Edén, tu manzana.

lunes, 24 de octubre de 2016

Cambios

Es reconfortante sentirse querido. Cuando eres alguien con imagen de extrovertido y corazón introvertido, alguien que se sabe imperfecto con una imagen autoimpuesta que gira en torno al perfeccionismo, alguien que se emociona fácilmente y que trata de no llorar, una persona que quiere mejorar tratando de ayudar a mejorar a otros... cuando eres alguien tan raro como yo, acabas expuesto emocionalmente a muchos ojos, bocas, mentes y juicios que te afectan, normalmente para bien. 

Mi principal problema es que me preocupo demasiado de las opiniones de los demás a la hora de juzgarme yo mismo. Mi principal problema es que aún no soy capaz en todas las ocasiones de responder "te agradezco tu opinión, pensaré en ello". Eso facilitaría las cosas porque, aunque acabe llegando a las mismas conclusiones (tengo tanto que cambiar que me olvido de que hay más cambios necesarios, además de los que he decidido hacer motu proprio), y me ahorraría discusiones en torno a si yo estoy a la defensiva u otros están a la ofensiva.

Cuando decidí (porque ese fue el motivo que me llevó a tomar la decisión de publicar entre tres y siete veces diarias) que quería probar suerte con la promoción de mi negocio Herbalife a través de las redes sociales, elegí algo tan visual como Instagram para compartir resultados de clientes y compañeros, así como el mío personal que se encuentra en proceso. 

¿Qué pasó por el camino? Pues mi situación personal no hacía sino empeorar por dentro. Debido a la interrupción definitiva (toma eufemismo) de mi relación con quien era mi pareja (y madre de mis tres niños, socia en el negocio y, antes de todo eso, mi amiga), decidí hacer ciertos cambios personales, sobre y ante todo interiores, aunque también, por qué no decirlo, exteriores. Y qué quieres que te diga, cuando llevas tiempo sintiéndote mal, por mucho pensamiento positivo, por muchas ganas que creas que debas tener, por muchos likes a una foto en la que dices ser feliz, te das cuenta de que mientras no cierres de verdad las heridas, estas no cicatrizan, por lo que es imposible la cura de tu corazón mientras no se le de el tratamiento adecuado y el tiempo necesario.

La cuestión es que en ese compás de espera, descubrí a un amigo (yo) que anteriormente me caía fatal, pero que siempre me había tendido una mano, aunque yo prefiriese seguir mal. Sí, al fin y al cabo, no voy a ser tan hipócrita de decir que soy tonto, de que desconozco las herramientas para salir de esa situación o cualquier otra excusa. Simplemente, mi corazón seguía creyendo que el amor era lo que esperaba, mientras mi cabeza me decía que no valía una mierda y que cualquier migaja era suficiente cuando no de más.

Evidentemente, con el tiempo he aprendido que no es así, que si estás sano, tus relaciones lo serán y que no es mala suerte que alguien dependiente termine siempre con alguien dominante. Así que decidí ponerme en paz con mi pasado, analizar las cosas y los motivos, poner mis verdades sobre la mesa e intentar que, porque quiero, no porque me convenga, y sobre todo, por fin, decidí  cuidarme. Decidí cuidar de mí.

¿Por qué? Por muchos motivos. Los principales, que hay gente que me quiere porque sí; que hay gente a la que, sin conocerme, le provocan sentimientos positivos las cosas que hago; y, por qué no decirlo, porque me he encontrado a gente como yo, en un mal momento (cada uno el suyo, sin juzgar quien está más jodido) y que me ha dicho que ha cambiado su vida a mesjor después de aplicar algunas cosas de las que escribo.

Entonces, en el momento en el que tienes todo controlado, en el momento en el que haces tus cosas porque las quieres, porque las sientes, porque alguien te pide un favor o te animan a escribir sobre un tema en concreto, resulta que eres el centro de atención de personas que deberían tener cosas más importantes que organizar un jurado nada popular y juzgarte duramente desde una tarima de superioridad que parece darles derecho a dictar sentencia sin escuchar al acusado (y que, por cierto, lo único que hizo es algo que ha hecho siempre: sentir diferente).

Además, convencido de que mi nombre de usuario no era correcto (era "@antonio.hbl") porque al no representar a Herbalife, sino a mí mismo, decidí elegir entre las diferentes "extensiones" que vi en otros compañeros; me parecía erróneo ponerme "fit" o algo así puesto que aún no estoy como querría estar para "llamarme" así; la verdad, no pensé en ningún momento ponerme a mí, sonó algo que tenga que ver con mi profesión, asesor, entrenador, coach, de nutrición y bienestar. 

Lo que no pretendía en ningún momento es que nadie quisiese machacarme acusándome de intrusismo profesional (como si quisiese quitarle el curro a los psicólogos), con la excusa de que una palabra de un texto era ambigua o mal interpretable. En cualquier caso, muerto el perro, se acabó la rabia... Ahora, por si a alguien le interesa, soy yo mismo, @antoniosd78 (Antoñito, las iniciales de mis apellidos y mi año de nacimiento; yo). 

Ahora queda lo otro, aceptar que por bien que lo intentes hacer, la gente es muy intolerante, solo te acepta cuando estás dentro de sus estándares éticos y estéticos. De hecho, ya lo he dicho muchas veces, no quiero ser tolerante, no lo soy, eso supondría creerme con el poder de dar el visto bueno a los demás, como si me creyese mejor que ellos sólo por ser yo, sólo por que el otro no sea yo.

Mis escritos son largos, no son normales, señalan las cosas que pienso que deben cambiar (en mí, no soy tan pretencioso de creer que los demás deben hacer lo que yo no soy capaz en la mayoría de las ocasiones y que, además, me sirve a mí, no necesariamente a ellos), hablo sobre emociones que mucha gente esconde o disfraza, habló sobre la cosa que más asusta a la mayoría, la necesidad y el deseo de cambiar. Pero es que yo soy así.

Soy así y me gusto. No soy más que eso, alguien que siente cosas bonitas de cosas que para otros son insignificantes, alguien que siente cosas feas de cosas que para otros son very happy. Alguien que cuando sonríe, lo hace con la boca y con los ojos, alguien que cuando llora, lo hace con el corazón.

Soy alguien que no todo el mundo quiere cerca porque opinó libremente y no acepto ciertas injusticias y, eso lo sé por experiencia, hace que quienes no se quieren enfrentar a la opinión que otros tienen de tu actitud (tu actitud, tu manera en la que te relacionas con lo demás), te rechacen de la peor manera: culpándote a ti. Soy alguien que acepta que mi verdad es tan real como la verdad de mi interlocutor. Soy alguien que ama totalmente y si se descubre haciendo daño a alguien, prefiere perderle.

Soy yo, soy así. Si me equivoco, trato de rectificar. Me duelen las cosas, me alegran las cosas, trato de que duela menos entendiendo los por qués, trato de alegrarme constantemente. Hago lo que me apetece, digo lo que siento que debo decir, creo que el amor es la hostia, pero que solo es amor si es incondicional. Y creo que quieres piensan eso de sí mismos, son bastante hipócritas cuando dedican sus vidas a estar pendientes de la de los demás. Es como preferir ver pelis porno en lugar de tener sexo.

domingo, 14 de febrero de 2016

Prensa y basura: no son (siempre) lo mismo

Al leer el tratamiento dado a la "noticia" del cambio de cara de Flavio Briatore por parte de la prensa deportiva en general y la especializada en deportes de motor en particular, me ha costado muy mucho titular así este artículo de opinión.

Fuente www.dagospia.com
Tal vez resulte osado decir esto cuando me dispongo a ciscarme sobre un gremio al que, creo, no pertenezco, pero que en el caso de hacerlo, lo haría mediante intrusión no cualificada. Pero, vamos, que no me tiembla la mano, quizás por aquello de que la ignorancia es osada, quizás porque vivimos en un mundo fallido en el que vivir es malvivir, y disfrutar es mirar hacia otro lado. De hecho, lo más cómodo para alguien como yo, con suficiente velocidad para sacar una crítica ácida sobre cualquier cosa, para alguien con una falsa coraza de "echao p'alante", hubiese sido reírme en caliente de las publicaciones que hacían noticia de la anécdota, o que "salsarrosizaban" un mundo que ya de por sí, tiene menos deporte del que nos gustaría a quienes nos apasionamos con él y que vive inmerso en una presuntamente necesaria nube de exclusividad, que en demasiados ocasiones deriva en prostitución. Normalmente, hablaríamos de prostitución como licencia poética refiriéndonos a la fría comercialización con regímenes de dudosa moralidad, pero también lo podemos hacer literalmente (sin hacer juicios de valor al respecto, por cierto) sobre la mercantilización de la salud, el tiempo y el físico de unos deportistas a cambio de dinero y de promesas de servicios a cambio de un dinero que tal vez ellos ni vean. Tampoco vamos a alargar esta metáfora, porque acabaríamos hablando de proxenetas, de chulos.

Volvamos al inicio del asunto. Don Flavio Briatore (no sé, o tal vez sí, cómo hemos pasado de aquello a esto...) se ha operado la cara. Cierto es que ha cogido en una temporada sin sal en cuanto a noticias interesantes sobre El Gran Circo, unas semanas en las que sólo se pueden alargar rumores que se arrastran desde antes de que terminase la pasada temporada, y que se acabarán confirmando o desmintiendo en otro puñado de semanas. Cierto es que, como hemos indicado antes, hay varias figuras presuntamente glamurosas que vierten un halo de estilazo al Paddock. Cierto es también que el personaje en cuestión, como que cae bien, es como el tío canalla del que uno disfrutaba de pequeño en las cenas navideñas, no porque cayese bien, sino porque ponía nerviosa a tu madre, que decía que era una mala influencia para ti mientras pensaba que era una mala influencia para tu padre.

En esas estábamos, en un Flavio Briatore que posiblemente se ha hecho unos arreglitos estéticos, cuando vemos a los grandes medios publicando esta historia (adornada, por supuesto, con rostros y cuerpos femeninos y jóvenes que han acompañado tantas veces al italiano) como si fuese la abdicación de Felipe VI o el acuerdo entre PP y PSOE para tuertear en el país de los ciegos. Y, claro, aquí hay varias opciones para las publicaciones pequeñitas con pretensiones: la que muy dignamente ha tomado SomosF1 o la que han tomado muchas otras a las que no pienso enlazar, probablemente porque puede que algún día sea yo el que se prostituya en ellas, pero principalmente porque algunos compañeros están o han estado (o, insisto, probablemente acaben estando) en alguna de esas webs que han atacado con sus hordas de voluntarios becarizados (que, desgraciadamente, no becados).

Pues, eso. Que me enorgullezco de pertenecer a un equipo que unánime y felizmente rechaza meter información de relleno, que prefiere no publicar nada que publicar mierda. Además, vengo de un día en el que he visto en las noticias de la tele varias cosas que me han hecho decir "vaya mierda de mundo estamos construyendo en el que el pensamiento de nuestros adolescentes, al igual que sus aspiraciones, van por detrás de las que tuvieron en su momento sus padres"; unas noticias en las que se señalaba que aumentan los asesinatos machistas; que las niñas ven normal que sus novios les quiten el móvil para ver a qué se dedican; que niños de 11 años saltan por una ventana al no aguantar su situación en el colegio; noticias que me hacen sentir que comparto planeta con gente que prefiere mandar a un inocente a la cárcel, frente a la alternativa: que un sospechoso quede libre ante la ausencia de pruebas de que sea un violador, sólo porque pertenece a esa ambigua categoría de "sospechoso habitual". Más valdría que, aunque sea con pequeños gestos diarios, contribuyamos a cambiar lo que no nos gusta de nuestro mundo. Por eso no quiero que publiquemos basura.

Es mi decisión. Dicho esto, que cada cual haga lo que quiera.

Redactado por Antonio Santiago.

martes, 6 de octubre de 2015

La vida te da sorpresas

Publicado en @Somos_F1

Enfermos de Fórmula 1, los locos de las carreras, nos llaman a veces. Normal. Al que más y al que menos, a veces se le va ligeramente (o no tanto) la cabeza (o la olla, depende del aficionado). Desconocemos si es por los altos niveles de ruido sufridospor la atmósfera que se respiradebido a la mezcla de gases de combustión, derivados del petróleo (Pirelli, Bridgestone o Michelin, Goodyear para los viejunos, y Avon, Continental o Englebert para los historiadores -o los que son casi historia de este mundillo-) y colonias caras del Paddok.

Fuente Kazuhiro Nogi
Desconocemos, también, si esta locura que sufrimos algunos, es la que afecta a Yasuhisa Arai (no nos atrevemos a hacer bromas sobre desastres nucleares en el país del sol naciente, porque ya lo dijo el sabio: "se puede bromear sobre cualquier cosa, pero no delante de cualquier persona"), peroparece el único ser humano sorprendido porque nadie haya pedido motores para 2016 a Honda, marca de la que es máximo responsable (o "irresponsable", cualquiera sabe) en esto de la Fórmula 1.

Del mismo modo, tampoco conocemos el origen de las pataletas que se traen los austriacos de Red Bull porque, tras cuatro años del dominio más absoluto (hasta que vimos estos Mercedes, claro), se olvidan de la marca francesa que les vendía los motores para que ellos los montasen en su sede inglesa, dentro de una fábrica que luchaba con el lápiz de un genio cuan mago con su varita, frente a los diabólicos diseñadores que ¡usaban ordenadores! Un lío, vaya... ¿A quién se le ocurre diseñar en papel en el mundo de la más alta tecnología? A un loco. O a un genio.

Lo dicho, el diagnóstico (de frenopático, más que de facultad de periodismo, cuando no son la misma cosa) es claro, aunque no tanto el origen. Nunca sabremos si las locuras vienen por estar la Fórmula 1 plagada de locos, o si los locos acabamos aquí porque nos dejan dar rienda suelta a nuestra pasión. Eso sí, si algo tengo claro es que, después de todas la vueltas que hemos dado (en Australia igual no, pero en tres carreras, luchando por los puntos; en cuatro días, al nivel de Ferrari; al final de temporada, habremos ganado carreras; el año que viene, se van a enterar estos de quién soy yo...), miedito me da la distancia a la que pueden estar los McLaren, los Honda, los McLaren Hondadel resto de coches que monten motores Ferrari o Mercedes. Locos nos podríamos quedar, si es que no lo estamos ya, viendo a Fernando Alonso y a Jenson Button incapaces de adelantar a los Manor de Will Stevens, Alexander Rossi, o el que quiera que lleve pasta suficiente para quitarle el volante a Roberto Merhi.

Antonio Santiago @soyelantonito

La muerte digna es un oxímoron

He buscado "dignidad" en el Diccionario de la Real Academia Española y he encontrado el significado de esa palabra. Lo que no logro encontrar es qué hay de digno en la muerte, no digamos ya, qué hay de digno en el sempiterno debate entre quienes consideramos que hay veces en las que si no dejamos ir una vida, perdemos nuestra humanidad, y quienes consideran que lo hecho, hecho está y hay que seguir haciéndolo porque siempre ha sido así, quienes sabemos frente a quienes creen.

Fuente www.huffingtonpost.es
Desde luego, es un debate filosófico que algunos, tal vez por costumbre, quieren dotar de la inquebrantable pátina de La Ley puesta al servicio de La Fe, cuando todos sabemos que quienes inventaron ésta, lo hicieron al servicio de quienes dictaban aquella.

Anoche me parecía mentira que haya conceptos que nuestro presuntamente tan civilizado mundo, nuestro occidente civilizador, aún no hayamos sido capaces de "desconcretar", sin ser conscientes aún de que hay algunas cosas, algunas decisiones, que tan sólo competen a quienes han de tomarlas, a quienes las sufren y padecen a diario.

Por otro lado, esos conceptos, el sufrimiento, el padecimiento, la abnegación, el martirio, tan elevados (a los altares, por supuesto) en nuestra concepción judeo-cristiana de la moral, siempre han sido "valores" del vulgo, que ha sido siempre el que padece con abnegación el sufrimiento, que las altas jerarquías de toda iglesia o gobierno autoritario (valga la redundancia) han destacado como positivas, casi como objetivo vital de todo buen creyente de cualquier sistema autoritario, insisto, ya sea religioso o político. Y lo han hecho por una razón muy sencilla, de tan sencilla brillante aunque repulsiva: ya que el vulgo, el pueblo llano, tiene que sufrir (para que nosotros vivamos como vivimos o, qué coño, mejor a poder ser), que lo haga con el convencimiento de que esos son "valores" positivos, que hemos venido a este mundo a sufrir, que no hay otro modo de llegar a un "lugar mejor" en el que, allí sí, seremos todos iguales ante el Señor de turno. Por supuesto, qué mejor manera de imbuir esta idea en los corazones de esos desgraciados, sembrándola en lo más hondo de su ser a través del dogmatismo.

Pues, bien, aquí está esa idea, tan revolucionaria por querer cambiar el establishment, y tan radical, por querer cambiarlo a través de poner en duda la propia raíz del mismo, es también bastante sencilla (quizás, no tan brillante, pero -permitidme que la defienda porque es la mía- creo que sí es más justa): el amor, siendo algo etéreo y conceptual, no puede ser considerado tal siendo general, el amor es amor cuando es personal, particular, incluso aunque sea unidireccional, aunque no haya reciprocidad. Y lo que tengo claro, es que el amor no tiene por qué ser desinteresado (no en vano, nos enamoramos por lo que alguien nos aporta, por lo que ese alguien nos complementa, nos completa), pero para que pueda considerarlo amor, ha de estar vacío de egoísmo.

Y egoísmo, entre otras cosas, es querer mantener a tu lado a alguien sin posibilidad alguna de mejorar o de perdurar, por el único motivo de que no sabes qué hacer sin esa persona, sólo porque no imaginas despertar mañana solo, rodeado de otra gente que te compadece, acompañado pero sin quien tú querrías que permaneciese, obviando que hace mucho que se fue, que llevaba mucho tiempo queriendo irse, que nunca quiso ser mirado con tristeza, con pena, con condescendencia.

Por esto y no por otra cosa, considero que es amor el gesto de los padres de Andrea, la niña gallega de 12 años a la que, con 8 meses, le fue diagnosticada una enfermedad neurológica degenerativa que desde los 2 añitos padece una discapacidad por encima del 90% y que en los últimos meses ha pasado de algo tan duro como que una niña aprenda a vivir con el dolor, a tener que vivir (me refiero a los padres) sabiendo que su hija ya se ha ido y que la persona a su cargo en el hospital (me niego a llamar médico a alguien así; he utilizado "persona" porque he preferido no usar insultos en este escrito) les suelte que le retiran la morfina que, aunque es necesaria para evitar la agonía de su hija, haría que su hija fuese una yonki, pero que se la llevasen a casa, porque total, para morirse allí, que se muera (agonizando por no querer sedarla, les recuerdo) en casa.

Parece (aquí pongan ustedes la palabra que quieran, me niego a utilizar "por suerte" o, supongo que lo comprenderán "gracias a dios") que en las últimas horas el equipo médico y la gerencia del Hospital de Santiago de Compostela en el que se encuentra Andrea, ha decidido hacer lo que estos padres (y el comité de Bioética del propio hospital) pedían. Ahora que han accedido a retirarle la alimentación y proceder a sedar a la criatura, cabe recordar que el equipo médico se negó a esta petición hace meses, que la gerencia fue a los tribunales ante la entrada en agosto de una ley que recoge los derechos de los enfermos terminales para así poner por encima su ideología de los deseos del paciente, para poner su credo por encima de la necesidad de no alargar morbosamente lo inevitable, de no obligar a una niña de 12 años a seguir sufriendo, por encima del dolor en el corazón de unos padres que sufren por ver sufrir a su hija y porque se sienten señalados como egoístas, cuando deberían ser admirados por ser conscientes de que, aunque doloroso, es más altruista querer sufrir por su hija sabiendo que la echarán de menos, que ver sufrir a su ser más querido para no ser ellos quienes pierden a su Andrea.

Al fin, Andrea va a encontrar una muerte. No creo que ninguna muerte sea digna o esté rodeada de dignidad. La que es digna, es la postura de esos padres, la vida de la propia Andrea y la lucha por el derecho a no prolongar una vida que no es vida si se vive en la agonía vacía, en un sufrimiento sinsentido, en la falta de esperanza y en el dolor físico y mental del paciente y de quienes le aman. 

Eso es, de amor se trata. La muerte no es digna, digna es la vida, digno es el amor.

Antonio Santiago @soyelantonito