domingo, 17 de diciembre de 2017

Perdido

Anduve perdido por caminos pedregosos,
yo, que siempre fui quien se orientó,
vagaba por lares inhóspitos
en busca de algo que no ha de buscarse.

Deduje, después de algún tiempo,
de lágrimas y gritos, que algo estaba mal,
que el amor, igual que el éxito,
no es algo para lo que sea necesario sufrir,
que un objetivo tan bello,
no debe llevar el peaje del dolor.

Entonces, cuando me curé,
cuando las heridas que creí necesarias
y merecidas, estaban ya sanadas,
conocí un nuevo vehículo para mi sentir,
un medio por el que por fin,
fondo y forma viven en comunión,
dándome lo que quiero,
sin necesidad de buscarlo.

Un medio con el que lograr mi fin,
una forma de escribir mi alma
con tinta de corazón.
Un medio, tus letras,
que llevan ¡al fin! a amar.

Yo, exigente para siempre con el amor,
alguien que no negocia emociones,
alguien que pensaba que sabía lo que quería,
reconozco humildemente mi error,
pues no quiero que me completes,
pues nací entero,
no quiero que me cures
de heridas que no me hiciste,
no quiero consuelo,
pues lo encuentro en tus labios,
no quiero buscar, pues ya te he encontrado,
porque, al final, amor,
lo único que quiero es
perderme en esa salvaje selva,
en la mar esmeralda de tus ojos.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Todo encajó

Llegó en el mejor momento,
en el suyo,
entre lo que pensé que eran bromas y,
tal vez, sea lo más serio que haga
en las próximas veinte horas...
o veinte vidas.

Llegó cómo llega lo bueno,
por sorpresa,
como una estampida calmada,
como una tranquilidad de mal asiento,
entre oxímoron y poema,
entre canción y canción.

Llegó para quedarse,
pues aunque el martes no llegue,
aunque la niebla no se disipe,
aunque cualquier meteorito
de los que no se ven, arrasase la tierra,
esto, lejos de aquellas tontás comillas,
esto, esto, esto es de verdad.

Deseo que llegue mañana,
deseo que llegue Florencia,
deseo que llegue un vago domingo de cualquier noviembre.

Deseo, como mi pero, siempre en la boca,
tal vez para no gritar otras palabras.

Y, de repente... todo encajó.

Si cierro los ojos

Si cierro los ojos,
recuerdo tu olor,
aroma a guitarra flamenca,
a polvo de ciprés.

Si abro la boca,
me sabe a tu nombre,
te llamo ¡ven!
¡ven conmigo!

Si toco el vacío junto a mí,
en mi cama, pienso que ese,
tu lado, se llena con tu ausencia
cuanto más recuerdo
lo que nunca tuve.

Mi oído,
también busca tus eses en el aire,
tu agradable risa,
esa voz que todo lo llena.

Mi corazón,
que estaba casi recompuesto del todo,
anhela lo que nunca tuvimos,
resquebrajándose a cada paso,
con la esperanza de que
esos largos dedos
vuelvan a jugar en él,
de que esos bellos labios
se llenen de fabulosas muecas,
de que tu linda nariz
baile al son de tus verdes ojos.

Si, después de pensarte,
abro los míos,
cuando le pregunto a esa lágrima
si cae por ti o por mí, ella,
ágil como tú lengua,
hábil como mis manos,
me recuerda que llora por ti,
llora por mí,
pero que es una gota de alegría,
por lo que fue, lo que podría ser.

Porque, como una vez te leí,
antes de quererte,
tal vez sea el futuro
el lugar en el que nos toque vivir
esto nuestro.

Otra fotografía que no hice

Ahí estaba, en un sofá.
Lástima que mi daltonismo
no me permita describírtela, amigo.
Sólo sé de verdes ojos, rubio cabello,
de su rojo carmín enmarcado por
una hipnótica letra eme mayúscula.

Sólo se, querido amigo,
de sus negros transparentes,
que dejan entrever unos secretos
que lo son para mí,
una expresión que desconozco,
tal vez por ser lejana en el tiempo o
en las cuitas.

Reconozco, hermano mío,
que parece muy distinta, más fuerte,
tal vez, pero que esta y aquella,
me dejan sin respiración por igual,
porque además de perderme con sus besos,
me muero con sus sesos.

No, hermano, no hagas trampa,
no quieras saber cuál me gusta más,
puesto que a esta no puedo acercarme
y a aquella, entonces no hubiera mirado.

Creo, mi fiel compañero,
que al fin y al cabo,
el destino nos cruzó,
acercó nuestros corazones,
y el destino también es culpable
de que se nos pierdan tantos besos.

sábado, 4 de noviembre de 2017

CERN

Llueve.

Todo es gris.

Estoy dentro de un acelerador de partículas
que centrifuga mis entrañas.
Mis hadrones, colisionan, solos,
sin una mano que guíe su camino
hacia la inestabilidad más temible,
hacia la inseguridad más absoluta,
hacia el abismo inevitable
de tu presente ausencia.

Las serenas noches del calor lleno de caricias,
hoy se enfrían por sensaciones que
poco tienen que ver con el mes,
mas puede que sí con el día.

Experimentos que sueñan
con encontrar el origen de todo,
resultan un cúmulo de fríos datos
que calan los huesos de científicos soñadores,
de anhelos eternos de nuncas siempre.

Tu pelo,
otras mañanas tan perfecto que recuerda
a esos despertares artificiales del celuloide,
hoy me esconde tu deseada sonrisa.

Lluevo.

Estoy gris.

Llueve porque soy gris.

Pero ¿qué sabré yo de colores?
¿Por qué hablo de grises
cuando una sola sonrisa tuya
llena mi paleta de irisado amor,
rojo deseo, morada contención.

Blanca pasión.

viernes, 6 de octubre de 2017

Veo una fotografía que no hice yo

Hoy,
he decidido trabajar hasta tarde,
desde casa, porque sí,
porque así hoy será más fácil dormir.
Y no, no es que no duerma,
que lo hago como un bebé,
simplemente es que hoy quiero dormir rápido,
sin pausa. Hoy, quiero soñar.
Ahora, si cierro los ojos,
veo a gente mirando sus móviles,
mirando tapices, suelos y techos,
no directamente, sino a través
de la pantalla del celular.
Y te veo a ti, claro.
Suspiro por esos ojos, grandes y verdes;
grandes, no sólo por su tamaño;
verdes, no sólo porque así me lo dices.
Me marean tus labios,
perfectamente delineados, puestos ahí
como muestra de lo que deben ser,
como recuerdo del fruto prohibido.
Bajo más la mirada y encuentro ese cuello,
esa islilla (bendita polisemia)
en la que quiero naufragar,
ese hombro sobre el que deseo dormir,
sobre el que deseo soñar.
La cámara, esa a la que miras,
pena que no sea a mí,
me esconde tus bellas manos,
esas que tan lejos tengo,
esas que sueño acariciar
mientras paseamos,
otra vez.

Guitarra

El cariño del artesano que,
apartando con cuidado el serrín,
pare el instrumento.

El quejío de cada hombre al que
le ha sabido la boca a sangre.
Cada canción de una madre
entre besos a sus hijos.
Una hora tras otra de estudio,
en la soledad de unos ojos cerrados.
Todo, nada. La angustia que acompaña
a la creación. Esa sensación...
no se puede describir con palabras,
sino con arpegios, rasgueos,
notas que se alargan.
Y un golpe
que para el tiempo,
el universo entero atento al siguiente acorde.

Guitarra hecha de nobles maderas,
cuánto ofreces, cuánto quitas.
Esa lucha que se produce dentro,
en las costillas de este bello instrumento
que sólo necesita afición
y afinación para ser nada,
para valer todo. 

Escribir en ti

Quiero recorrer tu sonrisa con mis labios,
no porque digas que te gustan,
sino porque no quieren estar lejos de ti.
Anhelo el momento en el que
mis dientes disfruten tu cuello, 
porque intuyo que es el único bocado
que les hace sentirse útiles.
Deseo ¡tanto! recorrer tus secretos
con la mano izquierda, exprimiendo
tus gemidos con suavidad,
suavizando mis caricias con firmeza,
interpretando con genio esa magistral pieza
que acompaña tus aromas.
Voy a cantar con mi lengua tu cuerpo, 
sin dejar de ejecutar ni una nota,
explorando cada milímetro de tu partitura,
pasando una vida entera en tu boca
cuando la mía sepa a ti, volviendo
al centro de tu placer cuando me robes
ese sabor que aún no tengo,
pero que sé que es mío, mas aún no llega
porque todavía falta un compás.
Y todo esto que digo, amor mío,
quiero escribirlo en tu suave espalda,
pues no es sino para eso que ella existe,
no es sino para escribir en ella
y en mi guitarra para lo que tengo uñas.

Juntos

Me sorprendes con cada palabra,
con cada reacción, con cada gesto,
cada sonrisa, cuando te sorprendes
al decirte lo que me haces sentir.
Me sorprendes... y me transformas
con cada una de las cosas dichas,
con cada una de las cosas calladas,
con cada uno de las cosas soñadas.
Me transformas en alguien que aún
no conozco pero que ves en mí y,
qué coño, no soy nadie para llevar
la contraria a quien ha visto en mí
sin que yo se lo enseñe, lo que soy.
Me descubres porque estoy expuesto,
por que sólo soy yo de verdad
a la verde luz de tus grandes ojos,
porque mi piel sólo es suave
bajo el tacto de tus tiernas caricias,
porque mis uñas sólo hacen música
cuando se hunden en tu espalda.
Siento
que, del mismo modo que recitamos aquel
"mi todo",
juntos,
escribiremos cada día el poema inacabado
que con tus risas harás canción.